NAKEIMA se ha hecho grande a sí misma. Sin darse cuenta. Sin saber cómo. Y ahora, no se entiende la gastronomía madrileña sin su animada barra. Sin ese número mágico: 20. Ni uno más. Ni uno menos. Sin las paredes negras y las pintadas a tiza. Aquí un guiño a Gonzalo García, el cocinero y artífice junto a Luis Gómez Bua. Allí, las propuestas gastronómicas. Alucinantes, divertidas. Para comer con las manos. Como el Black bao, el nigiri de ibéricos o el áspic de percebes. Ninguna es lo que parece y todas superan ampliamente las expectativas. Esto es NAKEIMA. Porque las cosas buenas no necesitan muchas explicaciones. Basta con sentirlas. Y en NAKEIMA se siente con pasión cada bocado. Una cocina sin etiquetas. Una cocina con esencias.

 

AL RITMO DE LA GASTRO NIPONA

Una fachada sencilla. Con pocas alusiones. Una puerta de cristal donde diariamente se lee la misma frase escrita a mano: “Completo”. Una barra para 20 comensales y sabores llegados de medio mundo con esa morriña gallega que sabe tan bien. Un dumpling bar donde no hay dos días iguales. Sus creadores, Luis Gómez Bua y Gonzalo García han convertido este rincón en un templo gastronómico. “NAKEMA significa camarada en japonés. Y de un juego de palabras nace NAKEIMA. ¿Qué significa? Digamos que la expresión es algo así como On fire. Este es un espacio muy cañero. Donde suceden muchas cosas en cada servicio. Aquí la filosofía del local es la cercanía. La barra donde disfrutan los comensales permite crear una empatía muy directa entre ambas partes. Los que preparan los sabrosos platos, muchos de ellos ultimados ahí mismo. Y los que los disfrutan. La sintonía es plena. Sin trampa ni cartón”. NAKEIMA es rendirse a la gastronomía. Sin reglas. Sin premisas. Sin tabúes. “Si NAKEIMA fuera un color, sería el rojo On fire. O el negro de los ninjas. O cualquier otro que nos contara, sin muchas explicaciones, que aquí se viene a disfrutar. Sin más. Es lo bueno de este sitio. Que sobran las explicaciones. Que la razón se queda en la puerta. Porque aquí se cocina con el corazón. Gamberro. Canalla. Pero al ritmo del corazón. Al fin y al cabo, eso es la gastronomía”.  Abrió sus puertas sin hacer ruido. En el año 2013. Y de repente, no se hablaba de otra cosa en el Madrid más gastronómico. “NAKEIMA nace de esos viajes al otro lado del mundo en los que se disfruta de cultura gastronómica con mayúsculas. Recetas que fusionan con las creaciones del chef Gonzalo y llegan a la barra rompiendo moldes. Esquemas. Y es que NAKEIMA va de eso. De comer con las manos y mancharse. De atreverse a ir contra las normas”. 

 

FUERA CLICHÉS

El ritual gastronómico empieza siempre puntual. “Las propuestas gastro del día se escriben con tiza en la pared. Se trata de un menú cerrado en el que cada cliente va probando diferentes platos. Cada uno se planta cuando quiere. El ritmo de la cocina es muy frenético porque todos salen al momento. Ese ritmo trepidante se transmite en la barra, donde nuestros clientes disfrutan no solo de la cocina, sino de multitud de sensaciones que bullen en el entorno. Y es que aunque pueda resultar contradictorio, esta es una barra anárquica en la que sin embargo todo está medido al milímetro. Es fundamental para que cada propuesta resulte perfecta”. De la cocina a la vista salen las creaciones que prepara esta tribu gastronómica, capitaneada por Gonzalo. “El toque gallego se saborea porque Luis es de la tierra. A ella rinde homenaje el áspic de percebes, muy personal. Como los espárragos con mayonesa, el dimsum de setas, el ramen seco, el clásico y reconocidísimo Black bao, la infladita de boletus o el wonton de gambas. Son solo algunas de las múltiples propuestas que ofrecen. Creatividad al poder. Los platos llegan en orden. Ahora los nigiris, que se han hecho un hueco más que merecido en la pizarra. Deliciosos todos. El de ibérico, el dorado o el de gambas”. Aquí los clichés están para romperlos. “Se trata de revisiones de platos clásicos. Sabores del recuerdo elevados a la máxima expresión. La diversión también se cuece en la barra. Ese es el mensaje que hay en cada una de las creaciones. Imprescindible el temaki de erizo y huevo. Uno de los favoritos, como el sashimi de torreznos. La carta como tal no existe. Son platos que van cambiando. Como la vida misma. A NAKEIMA no se viene a pedir algo en concreto. Se viene a disfrutar de una experiencia completa. Es otra forma de disfrutar de la comida. Más canalla. Más divertida. Más anárquica”.

 

VEINTE COMENSALES EN BUSCA DE UNA BARRA

La cola de la puerta es una leyenda viva. “Solo veinte personas se sientan en cada almuerzo o cena. Antes hay que hacer una cola y esperar para apuntarse.  Solo los 20 primeros tienen sitio. Surgió un poco por casualidad y funciona así para que una vez dentro todo fluya, los comensales tengan sitio para comer y la comida salga en el momento. No reservamos”. Este dumpling bar es un libre albedrío gastronómico. “Para saber qué es NAKEIMA, hay que venir in situ. Hay que dejarse llevar por la multitud de propuestas, sabores y colores. Tararear la música que suena alta y sorprenderse bailando sentado en una de las altas banquetas mientras esta cocina fusión marida perfectamente con vinos de Jerez que salen de una bodega muy cuidada y personal, dominada en su mayoría por pequeñas producciones vitivinícolas, y que al igual que los platos van cambiando constantemente”. NAKEIMA es movimiento. Un non stop muy gastro.

 

ESTE SITIO ES PURO ARTE

“Este sitio es puro arte. Viva tu madre, Gonzalo. Mi amor infinito a NAKEIMA”. Son algunas de las pintadas que aparecen sobre las negras paredes. “Una declaración en toda regla de este local underground con acento gallego y un punto freak. Estamos en lugar que ha creado estilo. De una forma natural. Un espacio inspirado en los puestos que podemos encontrar en muchos rincones de Asia. Y que a la vez resulta muy madrileño”. Una barra donde comer con las manos. “Hay que coger el bao con las manos y mancharse. Es parte del juego. Son las reglas de este lugar tan anárquico como atractivo. Aquí venimos a divertirnos. A experimentar con los sabores. Siempre con un producto de primera y un equipo diez. Hay una gran apuesta por ingredientes de calidad. Es la base de esta cocina que da tanto que hablar”. Y es que desde 2013 aquí pasan muchas cosas. Nunca una barra dió tanto de sí. “Los platos cambiantes. La música, suena. El mercado manda. Y la carta experimenta continuamente”. Expectativas superadas. Así respira NAKEIMA desde primera hora. Nunca una cola mereció tanto la pena.

 

GALERÍA

 

 

Fotografía de Borja Gómez

NAKEIMA DUMPLING BAR

Meléndez Valdés nº 54.

28015 MADRID 

Phone: 620 709 399

Horario: comidas a las 14:00. Cenas a las 21:00.

Precio: 50 – 60 euros.

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